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Palabras para un
Aniversario.
Cuando en 1974 Freddy Ginebra funda Casa de Teatro, era un sueño
no alado en la circunstancia adversa de una realidad social donde
era desconocida la gestión personal emprendida en el alcance
de un nuevo modelo de recinto abierto, plural y democrático
para la cultura. Hasta entonces las iniciativas eran de añejo
cuño como los ateneos, los clubes y las logias, caracterizadas
por el cerramiento elitesco, también rasgo de las instituciones
estatales de recreación, pero cuya programática cultural
es dirigida por un equipo de funcionarios que es un tipo de clan,
pero burocrático y oficial. Sin saberlo la juventud que
caminaba por los nuevos tiempos se hermanó en la necesidad
de libertad, en la voluntad de apostar la vida en cada propuesta
artística, reflejo de todos los momentos represivos de la
evasión.
Hasta 1974 la cultura recreativa ofrecía la rigidez de
las especificidades cuando se relacionaban a galerías de
arte, a parroquias religiosas o de militancia política,
incluso a los centros escolares y universitarios. Frente a esta
rigidez, el quehacer sociocultural encontraba la alternativa en
las calles, canchas, cines, parques, patios y cafeterías,
donde la tertulia entre artistas y escritores eran ocasionales
y rutinarias, celebrándose además en casas de algún
miembro militante de los núcleos culturales que proliferan
desde mediado de la década 1960. Citamos a propósito
los grupos “El Puño”, “La Antorcha”, “Proyecta”, “Fiordano” y “La
Máscara”.
Fue en este último grupo donde comienza a proyectarse Freddy
Ginebra como un gestor cultural que concibe Casa de Teatro, el
asombroso recinto que abrió las puertas de los sueños
como una luz entre callados muros coloniales que cercanos campanarios
parecen alterar la quietud de sus moradores, pero menos que el
transitar de los carros que bajan por la estrecha calle Arzobispo
Meriño, donde el número 110 comunica el punto de
las actuaciones, de los cantos, de las danzas, de los diálogos,
las escrituras, las fiestas, los premios, los talleres… En
fin, el número de una cobija donde la alegría, el
aplauso y el bonche sueltan todos los duendes que durante más
de tres décadas se han posesionado como seres bienhechores
de una morada en pie. Pionera como recinto donde los artistas,
los amigos y el público encuentran un espacio abierto y
sin rigidez para dialogar, ofrecer, planear, proyectarse y soñar.
Casa de Teatro tiene un haber de registros cuyo relato llenaría
varios volúmenes de una historia donde la complicidad y
el testimonio con la cultura programática es ejemplar. Pero
ejemplar es la voluntad dirigencial y optimista que muchas veces
ha desolado el bolsillo de su gestor para cubrir los servicios
de la Casa y cuyo corazón muchas veces ha tocado las puertas
de amigos buscando ayuda o respaldo auspiciador para proyectos
en pie que traducen alcance nacional como los concursos anuales
de literatura que tienen la misma edad de la Casa e igual tiempo
del mecenazgo del Grupo León Jimenes, apoyador también
de los certámenes de fotografía, de música
y de pintura repentinamente con alcance global, por no decir internacionalizado.
Casa de Teatro se erige como el primer recinto de naturaleza
abierta, democrática y particular para todas las artes.
Es la casa de todos. Es la casa de los artistas. Esta naturaleza
justifica que celebremos todos los días sus años,
sus cumpleaños y su estatura rejuvenecida permanentemente
en el solar dominicano donde besa y calienta el sol caribeño.
Concelebrar 32 años de la
apertura novedosa y paradigmática
de Casa de Teatro, es motivo de esta muestra titulada JULIO
ES SANTIAGO: un asalto de visualidades de 18 autores
pertenecientes a distintas generaciones que han tenido y crean
vinculación con el regocijante hábitat de un duende
mayor cuyo dogma existencial es “la vida es una fiesta”.
Danilo De los Santos / Luis Córdova
Curadores
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