Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez Hoyo, alias Alicia Alonso

Parecía que volaba, se detenía en el aire. La primera vez que la vi entendí todo lo que decían de ella. Me impresionaron sus manos, la elegancia de sus movimientos y esa manera tan segura, cual reina, de moverse en los escenarios de todos los teatros del mundo. Es una mujer acostumbrada a ser admirada y aplaudida.
El público en sagrado silencio la seguía. Olvidamos respirar, era como si hipnotizados no quisiéramos perder un solo movimiento y temiéramos romper el encantamiento y sortilegio de la noche. La mujer leyenda dibujaba con su cuerpo y espíritu las más bellas expresiones de la danza, venciendo por momentos hasta la gravedad. La ballerina assolutta y directora del Ballet Nacional de Cuba está frente a mí. Han pasado unos años, nos visita con su compañía y se presenta en el Teatro Nacional de Santo Domingo. Descansa en su camerino lleno de flores, sentada en un sillón de alto espaldar. Tiene espejuelos oscuros y sus manos descansan sobre sus rodillas.
Alicia Alonso ha recibido toda clase de honores y premios por todos los continentes. Sus versiones coreográficas de los grandes clásicos son célebres internacionalmente y se bailan en las más importantes compañías del mundo. Alicia es inspiración y guía para la formación de una nueva generación de bailarines cubanos con un estilo propio que ha conquistado un lugar destacado en el ballet internacional.

¿Qué piensa Alicia de Alicia?
Bueno, no he dedicado mucho tiempo a pensar sobre mí. Mi preocupación siempre ha sido el trabajo, y es un trabajo muy intenso, de muchas responsabilidades y solamente la carrera en sí, lleva mucho tiempo. Pero para no dejar de responder te diría que, soy un ser humano que ama la vida, que ama la humanidad y que quiere ser útil en ella.

¿Tu éxito?
Ha tenido la importancia de darme la oportunidad de poder trabajar y lograr algunas de las cosas que yo considero que son valiosas para la cultura, no solamente de mi patria, de mi pueblo, sino para la cultura universal.

Si tuvieras que hacer balance ¿cuál ha sido el mayor logro de tu carrera?
Sin titubear, la Escuela Cubana de Ballet. Eso implica el desarrollo del ballet y reconocimiento del mismo en el mundo, el aporte de Cuba hacia lo que es el mundo de las artes. Pienso que esta escuela es el principio de lo que va a ser la escuela latinoamericana de ballet y ese me parece es el aporte más grande que pudiera hacer en mi vida. Es como una semilla plantada que tendrá que germinar algún día.

¿Cómo has logrado ese sello distintivo, esa identidad propia?
Cuando bailé “Giselle” por primera vez, la crítica internacional decía “se ve que es una Giselle latina”. Entonces me puse a estudiar por qué era una Giselle latina, hacía los mismos pasos que todo el mundo, los mismos gestos y sin embargo decían que era latina. Lo descubrí: porque soy Latina y la forma de expresarme o la forma de decir, el gusto, la tradición, la cultura nuestra, todo se refleja en el artista y todo se refleja en la forma de bailar aunque sea un gran clásico. Siempre hay un acento, algo que aportamos, un estilo una forma de presentarnos. No es mejor pero es diferente y lo suficiente para que nuestra escuela sea considerada una de las mejores escuelas del mundo. Todo brota, nuestra música, nuestro colorido, nuestra América. Nosotros nos especializamos en los clásicos y nuestro acercamiento al ballet es disfrutar lo que hacemos.

¿Alguna técnica especial, algún secreto que los haga diferentes?
La técnica hoy ha progresado mucho y existe la tentación de bailarlo todo igual a menos que el bailarín entienda y domine el sentido del estilo. Cada gesto debe de decir algo sobre el personaje que se está interpretando, de lo contrario se convierte en un asunto de gimnasia. El bailarín debe transmitir una emoción, sino el clásico pierde el sentido. En el Ballet de Cuba tratamos de producir artistas que respeten la pureza de los trabajos originales más que convertir los bailarines en técnicos brillantes. Más que un trabajo, la danza es un privilegio.

¿De no haber sido bailarina de ballet, ¿qué te hubiera gustado ser?
Bailarina de ballet, siempre bailarina de ballet. No me imagino en nada más. Estudié desde pequeña danzas españolas que me gusta muchísimo, pero nada como el ballet. También estudié teatro hasta el punto que los profesores decían que debía ser actriz. Pero en aquella época ni soñar que pudiera ser lo uno o lo otro y mucho menos con los criterios de mi familia. Pero dentro de mí, siempre quise ser bailarina.. Ha sido una vocación marcada desde muy pequeña.
¿No hubo obstáculos para el desarrollo de tu carrera?
Mi vida comenzó diciéndome que no podía bailar. Era muy delgadita y los médicos dijeron que quizás debería de dejar de bailar pues me podía enfermar de los pulmones. Yo bailaba mañana, tarde y noche, no paraba. Desde que tuve mis primeras zapatillas de punta, cuando mi padre llegaba a la casa lo recibía con ellas puestas hasta el punto de que mi mamá tenía miedo a que yo nunca caminara normalmente. Yo dormía con las zapatillas en la cama.

¿Entonces jamás has pensado en abandonar la carrera?
Bueno, después padecí mucho de la vista. Al principio de mi carrera prácticamente perdí la vista de un ojo por un desprendimiento de retina. Me operaron, me prohibieron seguir bailando y volví a bailar. Después tuve otro desprendimiento y me operaron de nuevo y me dijeron, ahora sí que no puedes seguir bailando, pero no obedecí. Después me operaron por desprendimiento de los dos ojos pero no me puede parar y seguí bailando. Los últimos años bailé bastante ciega porque tenía cataratas que se produjeron producto de tantas operaciones. Me dijeron que debía tomar la vida con más calma. Llevo 10 años dándole la vuelta al mundo, he ido a países e hice cosas que nunca había hecho. He tenido muchos inconvenientes pero bailar no puedo evitarlo, es mi vida.

Admiro el compromiso de esta mujer que transformó su vida hasta convertirla en ejemplo y estímulo para todos los bailarines del mundo. De una isla en el Caribe se colocó en los grandes escenarios y su escuela es motivo de admiración permanente. Ella sonríe, las bailarinas entran al camerino, no queda mucho tiempo, la miro y no dejo de sentir una gran emoción frente a este ser humano que encarna la pasión, el entusiasmo, la tenacidad y me atrevería a decir, el sabor y la magia de nuestro mar común.
Me pongo de pie y la beso en la mejilla. Gracias por su tiempo, y gracias, por la oportunidad que nos ha dado de apreciar la excelencia.
–Adiós –digo con su mano en la mía.
–No –dice la ilustre cubana–, hasta pronto. Nunca digo adiós.

Freddy Ginebra