La fiesta de la caja de los sueños
Aunque muchos le acusan de ser un arte menor y empobrecido, la televisión puede ser también un complemento para el espíritu y un lugar donde realizar esos ueños que no caben en ninguna otra parte

Desde las cuatro de la tarde estábamos rondando la sala y acomodando las mecedoras para sentarnos frente a la gran caja de madera marca RCA. Trujillo reinaba y todo se movía alrededor de lo que el Jefe dispusiera. La instalación de un canal de televisión, uno de los primeros en América, nos llenaba de orgullo. Comenzaban los años cincuenta y la novedad prometía ser una válvula de escape para un pueblo que desconocía la palabra libertad. El hermano del Jefe, Petán, fue nombrado presidente del canal y, de la noche a la mañana, La Voz Dominicana se convirtió en estación de televisión. Una nueva época se iniciaba y en cada aniversario, viviríamos tipo Hollywood caribeño, la experiencia de ver, aplaudir y casi tocar a las estrellas más rutilantes del panorama musical y cinematográfico latinoamericano.
Lejos estaba yo de soñar en pertenecer a esa casta admirada donde nombres como Guarionex Aquino, Elenita Santos, Casandra Damirón, Violeta Stephen y muchos más, se presentaban en programas en vivo para disfrute de los televidentes. Cada tarde mi mirada se llenaba de luz mientras contemplaba la caja mágica desde donde las imágenes me hipnotizaban e invitaban a soñar. Una que otra noche pude escaparme al Teatro al aire libre de la misma televisora donde se presentaban artistas. Una tras otra desfilaban las estrellas. Miguel Aceves Mejía con su potente voz cantaba rancheras, Silvana Pampanini amenazaba con bañarse desnuda en una tina de leche, Libertad Lamarque lloraba detrás de un tango y la soberana Casandra Damiron, con su cuerpo de baile, lucía en todo su esplendor la gala de un merengue. Pedro Vargas, muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido con su peculiar manera de agradecer, nos sorprendía y llenaba de gracia.
Para los primeros años de la década del sesenta, era un joven lleno de inquietudes que fantaseaba en ser hombre de teatro. En el colegio de La Salle, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta me creía un actor consagrado con las puestas en escena montadas inteligentemente contra el régimen por el hermano Alfonso Luis.
Mataron a Trujillo y el canal lentamente fue dando un giro de más apertura. Es en el año 1963 que se produce la coincidencia por la cual entro a la televisión. Tengo 19 años. La casualidad tiene cara de atrevimiento. En esa época era aprendiz de escritor teatral y junto a un grupo de amigos montaba una obra en la terraza de Nelly Rodríguez Ese día visitaba a doña Nelly el director de la estación del Estado, el señor Tena Reyes, y nos observó durante largo rato en silencio.
"Que dice la doña que el señor de la televisión quiere hablarle", me dijo la muchacha.
"¿Te atreverías a hacer un programa para el canal cuatro?" Preguntó seriamente el señor.
La pregunta me tomó por sorpresa y pensé que se estaba burlando de mí.
"Te hace una propuesta -recalcó doña Nelly-, es el director de Radiotelevisión Dominicana".
"Es que nunca he hecho televisión", respondí tentado.
"He visto lo que haces y si puedes hacer eso en el aire, es suficiente. Te doy media hora cada semana para comenzar".
Me atreví. Convoqué a todos mis amigos. José Ramón para cantar, Carmen Rosa que bailaba muy bien para los números de baile, y así se fueron sumando, Carlos, Nelita, Josefina, Mary Carmen, Armando, Leo, todos los que se atrevieran. Escribí un guión muy simple y lo dividí en espacios tal cual me había aconsejado Mariano Rodríguez, mi primer director. El nombre del programa era "Cita con la juventud". Seleccionamos un tema musical bien pegajoso que con los años se convirtió en distintivo y la gente hasta llegó a tararearlo cuando nos veía en los lugares públicos.
"¿Y cómo sé yo cual de las cámaras es la que está en el aire?" Pregunté al director faltando unos minutos para aparecer frente al país.
"La que enciende el bombillito rojo".
Me temblaban las piernas. Yo era el conductor y tal como decía el guión los iría llamando uno a uno para que hicieran su numero. Y conversaran conmigo. ¡Silencio! ¡Estamos en el aire! Recuerdo exactamente lo que dije:
"Señores, me estoy muriendo de miedo y me tiemblan las piernas. Es mi primera vez en la televisión, pero mi intención es que la pasen bien y que nos ayuden a hacer este primer programa".
La media hora pasó volando. Me sentí como pez en el agua y me intrigó eso de hablarle a la cámara. Era como contarle un secreto a alguien, a alguien con quien me podía confesar y que había convertido en amigo. El romance del bombillito rojo comenzaba. "Es el programa más fresco que tiene la televisión dominicana", leí al otro día en el periódico. Cada sábado en la noche era un nuevo reto. Los errores salían y el público los consideraba parte del guión llegando hasta a visitar el estudio para vernos de cerca. Fui complicando las cosas y escribiendo con más escenarios, agregando más gente. En esa época como no podíamos cantar, hacíamos doblaje de las canciones que estuvieran de moda y la gente disfrutaba nuestras interpretaciones .Unas veces cantábamos como Antonio Prieto y otras con la voz de Lucho Gatica y hasta en inglés perfecto, sorprendiendo a los televidentes. No existía video y todo era en vivo y en directo. Manolo Quiroz se entusiasmó con el grupo y nos daba la mano con sugerencias validísimas.
Hacíamos las veces de diseñadores de escenarios y coreógrafos. Nuestras casas eran saqueadas cada semana para llevar muebles o motivos nuevos para que la producción se fuera enriqueciendo y el público, que no es nada tonto, comenzó a apreciarlo y aplaudirnos.
Hice un paréntesis en mi vida y en el interín me gradué de abogado y estudié televisión en la escuela de estudios continuados de Nueva York. Aprendí a mover una cámara, valorar el tiempo, escribir guiones, luminotecnia, perfeccionar lo que ya había experimentado, y todo lo que concierne a la profesión. Regresé y junto a mi compadre Héctor Herrera comenzamos un programa que llamamos Gente y que estuvo por casi diez años en la televisión dominicana.
Rafael Sánchez se convirtió en nuestro director. Allí surgieron nombres como Charitín Goico, Sonia Silvestre, Fausto Rey, Omar Franco, Roberto Salcedo, Luis Jose Mella, Angelita Carrasco, Michael Camilo, Cecilia García...
"Gente" se convirtió en un programa de variedades donde pude dar rienda suelta a la imaginación y producir todo tipo de guiones pasando por teleteatros a grandes producciones musicales con el Coro Estudiantil que comenzaba a dar sus primeros pasos. Gente era lugar obligado de todos los grandes artistas que visitaban nuestro país.
El virus de la televisión me picó fuerte y entre una cosa y otra desempeñé casi todas las posiciones, productor, actor, animador, guionista de programas tales como "Tiempo de Sonia", para Sonia Silvestre, "El taller de Vitico" para Víctor Víctor. Desde un punto equidistante, "2-2=5", totalmente experimental, todos bajo la dirección de Elías Muñoz, niño prodigio de la tele dominicana.
Programas hechos en Rahintel junto a una de las mejores animadoras de la televisión, Jocelyn Caminero. Amanecíamos haciendo estos programas, sabíamos entrar a las 10 de la noche para abandonar el estudio a las 8 de la mañana. Mis amigos colaboraban dando su tiempo, su talento y a veces hasta su dinero para que este costoso entretenimiento fuera posible.
Combiné los sábados con un programa infantil, "Colorín colorao", con Milady de Cabral y Lourdes Cuello. No sólo lo escribía sino que hacía el personaje principal animando a los niños que inundaban el estudio. En un momento y motivado por la necesidad económica, traduje al español un juego que había visto en la televisión norteamericana, y se convirtió en uno de los más populares del momento. Hablo de "Dígalo como pueda", con el cual estuve casi diez años, primero en Rahintel y luego en Teleantillas.
Después vino "Tic tac toc", bajo la dirección de Sommer Carbuccia. Siempre me prometía que ya no haría mas televisión, pero algo dentro de mí me obligaba a volver a empezar y cuando comenzó el telecable en el país, me ofrecieron hacer algo con sabor criollo en ese mundo importado. Comencé "Primera Fila", luego un programa religioso para el padre Emiliano Tardiff. En el camino, otro programa de entrevistas cortas, bajo el título de "Nuestra gente". También un programa de cine "Pantalla 10", con Armando Almanzar y Carlos Francisco Elías. Luego decidí llevar Casa de Teatro a un espectro más amplio y, al inicio del canal 37, inauguramos una aventura compartida con otro programa de corte netamente cultural: "Desde Casa de Teatro", que se grababa en la casa y sus alrededores.
Paralelamente al trabajo con mis programas, escribí y produje para Brugal y Cía. y para el cigarrillo Montecarlo algunos especiales mientras trabajaba en la publicitaria Young & Rubicam. También para Wilfrido Vargas escribí sus programas los domingos en el canal 4. La televisión es una enfermedad maravillosa y quienes se contagian nunca se curan. Por razones de falta de tiempo y mi compromiso con otros trabajos he tenido que abandonarla. Reconozco su magia, el poder tremendo que ejerce y la gran satisfacción que produce cuando se hace bien y se le dedica el tiempo necesario.
La televisión no perdona a quienes improvisan, tampoco a quienes no tienen el ángel de habitarla, es un lenguaje familiar, intimista, que se aprende y que cuando se sabe manejar, produce grandes satisfacciones y... hasta dinero.

Freddy Ginebra