A las seis  y diecisiete
Las historias paralelas son una invención que el cine ha sabido aprovechar muy bien. Como un homenaje a Francis Ford Coppola, la ciudad de Santo Domingo sucede muchas veces a un mismo tiempo.

                  
El Caribe
Mabel pelea con Camilo sobre el titular de Pasiones. Discuten acaloradamente. Camilo se rasca la cabeza y aturdido empieza a buscar una nueva frase. La hora del cierre pesa sobre todas las cabezas por igual. Ferrán batalla con el editorial del día siguiente y se mueve en silencio por la redacción pidiendo opiniones. Alguien bosteza y mira el reloj de pared que marca las seis y diecisiete. “¡Que día más largo!”, dice el director y escribe un punto final.

Casa de Cristal
La Casa de Cristal esta rodeada de gente. Junior sentado en la cama hojea una revista haciéndose el disimulado mientras una muchacha del público le tira besos. Joceline intenta bañarse frente a una morbosa multitud que le grita cosas. La gente se empuja y hace chistes. Uno de los testigos mira su reloj que se ha parado en las seis y diecisiete, mañana lo mandará a arreglar.

Adolescentes
–¿Me quieres?
–¿Es que no te lo he demostrado?
–¿Y por qué me miraste de esa manera?
–¿De cuál manera?
–Como que no te importo.
–Estás loca.
–Si dejas de quererme me muero.
–No digas disparates.
–¿Vamos al cine el sábado?
–Si tu quieres.
–Te recojo a las seis y diecisiete.

Parroquia
Cuando la mujer entró a la capilla eran las seis y diecisiete. Pensó que tenía tiempo para rezar. Un silencio agradable se siente en la pequeña capilla.
“Señor, te doy gracias por ayudarme a aceptar lo que no entiendo, gracias por la vida, por la salud que disfruto y más aún gracias por la fe, que me abre una puerta de esperanza y da respuestas al mundo hostil...”
Sin darse cuenta comenzó a llorar de alegría y una tremenda paz la inundó.

Hospital
Magdalena entró al consultorio del doctor, miró su reloj. Eran las seis y diecisiete.
–Las noticias no son como esperábamos.
–¿Y eso qué quiere decir?
–Que hay metástasis en los huesos.
–¿Entonces? –preguntó con voz quebrada.
–Que haremos todo lo posible...
–¿Que tiempo me queda?
–No se precipite, hay medicamentos que...
Magdalena comenzó a llorar. –Hemos visto casos de enfermedades como esta que han dado giros milagrosos, no se adelante a nada, viva el día a día.
–¿Y por qué yo? Tengo tanto miedo.

Tienda
–Son seis mil dólares.
–¿Y aquel de los brillanticos alrededor?
--Ese es más costoso por el pulimento de las piedras, además, la esmeralda es colombiana y tiene un brillo diferente, tiene 12 chispitas alrededor
--No sé por cual reloj decidirme...
--La que sea pero pronto que me estoy cansando. ¡Son las seis y diesisiete!
--Deme ese, la de doce, que me hace juego con unos aretes que compré el año pasado.
Cárguelo a mi tarjeta por favor.

Villa Juana
–¿Y por cuánto fue que vino la lu?
–El doble, pa fuñi a uno, no se dónde e que iremo a para.
–Ve bucando la vela, que habrá que decidí entre comé o alumbrase.
–Ya son la sei y diesisiete, ¿va queré la cena?

San Cristóbal
Fermín coloca el lienzo sobre el caballete, casi teminado. Los colores ocres, la línea negra que lo cruza, blanco y negro de nuevo. Se retira un poco más y lo mira a plena luz de la bombilla que cuelga en su estudio. Su rostro refleja el cansancio de varios días. Esta satisfecho, diría que hasta contento. No ha comido nada en todo el día, sólo un jugo caliente lo sostiene.
–Ojalá pueda encontrar un comprador –le apena desprenderse de él, pero bueno, ya pintará otro–. Caray, que tarde se me ha hecho, ¿las seis y cuánto?

Publicitaria
–Llamó el cliente y quiere otra opción.
–¿Otra opción?
–El target no está bien definido.
–Pero si fue el cliente quien lo dio.
–Dile a los creativos que tenemos que amanecer.
–¿Otra vez?
–Es que el texto está flojo, necesitamos algo más directo, más convincente. Que comuniqué mejor, los códigos no están claros, mira ahora son las seis y diecisiete. Tómense un descanso y nos vemos a las nueve.

Bar
–¿Y ese carro?
–¿El Mercedes? Pero es del año pasado, quiero que veas la yipeta, esa si que es una máquina.
–¿Compraste por fin en la Marina?
–Todo estaba vendido.
–Mira que tronco e pierna.
–Ni la mires que tiene dueño.
–¿Y a mí qué?
–¿Y esa vaina?
–Mi hijo que cada día viene con cuentos nuevos. No sé de dónde saca esas pendejadas. Préstame tu celular que quedé en llamarlo a las seis y pico para recogerlo.

Semáforo
–¿Le limpio el vidrio?
–¡Quita muchacho!
–Deme un peso que tengo hambre.
–Ve a pedirle a tu madre, esa bandida que te trajo al mundo.
–Deme un peso.
–No oite...
Sube el vidrio y pisa el acelerador. Su rolex marcaba la seis y diecisiete. Se le hace tarde para comenzar a beber.

Cárcel
Jacobo tiene casi doce años preso y no sabe por qué. Una tarde hicieron una redada por su barrio y sin preguntarle se lo llevaron. Cada tarde a la misma hora en el patio mira al cielo y se pregunta que habrá hecho para merecer este castigo. Le han dicho que no tiene expediente y que nadie puede hacer nada por él. Su familia es pobre y ya se acostumbró a saberlo preso. En la cárcel lo ha aprendido todo, los huesos se le marcan y sospecha que está enfermo, pero a nadie le importa. No es lo suficientemente valiente para quitarse la vida y espera paciente una muerte que no le produzca mucho dolor.
–Entonces sabré –se dice continuamente–, sabré frente a ese Dios, que vine a pagar a esta tierra. Jacobo hace tiempo que dejó de entender.

Palacio
El aire acondicionado está apagado y el presidente se seca el sudor con destreza. Sus visitantes, en cambio, no están acostumbrados al angustiante calor y sudan copiosamente. Senadores, ministros, empresarios, gente del partido... todos pasan por la experiencia de sudar la gota gorda en presencia del primer mandatario.
–¿Cuántos faltan?
–Sólo algunos del partido –le responden varios a coro.
–Qué entren a sudar conmigo –recalca alegremente y con acento cibaeño.

Vecindario
–Que dice mi mamá que si tiene azúcar que allá se acabó y papá no cobra hasta el 25 y ya en el colmado no le fían.

Resort
–What time is it?
–Seventeen past six
–Beautiful day, isint it?

Casa
Alfonso llegó a la casa abrumado por los problemas del día. Las cosas no van bien, quizás tenga que cerrar el negocio. El tráfico terrible, la mujer no lo entiende, le duele la vida. Se sienta frente a su televisor y lo enciende. Son apenas las seis y diecisiet. Toma el control y cae en un programa de opinión.
Dos políticos hablan ininterrumpidamente. Alfonso siente que algo le sube por la garganta y sin poder evitarlo, vomita.

Freddy Ginebra