Treinta años de Casa de Teatro no son nada y son mucho - Por Marianne de Tolentino - Especial para Hoy - 03/07/2004 Lo que hace tan especial el aniversario de Casa de Teatro es que cada celebración significa algo más en la historia cultural del país. Demuestra que gracias a las ideas, a la dedicación y a la popularidad de un hombre singular, la utopía y la realidad pueden superponerse. A Freddy Ginebra le conocen y reconocen como animador, escritor, actor, publicista y poeta, artista al fin. No obstante hay en su personalidad también un organizador, un administrador, un profesional de la gestión, lo que permite que una institución, totalmente privada y dependiendo del mecenazgo, siga en pie a las tres décadas de su fundación. Tiene pues los pies en la tierra y la cabeza en el cielo: en el caso de Casa de Teatro y de su director-fundador, la fe mueve montañas, hasta borra los estragos de huracanes y sobrevive a las peores crisis económicas. Freddy crea y cree. Cree, crea y la Casa crece Cada aniversario de Casa de Teatro aporta algo
insólito en su
historia y su geografía. Del mismo modo que pueblos han sido capaces
de conquistar kilómetros cuadrados sobre el mar, el caserón
de la Arzobispo Meriño y mansión de la amistad se amplía
inconteniblemente… Quienes asistieron al nacimiento de un sueño,
han visto con sorpresa maravillada cómo se convertía, no
sólo en hechos, sino se consolidaba, se extendía y elevaba
un segundo piso. Cuando nos asombramos ante tantos espacios sumados
e inventados a la medida de necesidades inagotables, pensamos en las
ciudades del lejano oriente donde cultivan hortalizas en las aceras.
Poco le falta a Freddy Ginebra para plantar un escenario en el contén y colgar cuadros
en las fachadas con el beneplácito de la vecindad. Además
esto ha sucedido. En ocasiones especiales, la vía ha sido cerrada –con
permiso legal- a los monstruos sobre ruedas y abierta a cuántas
manifestaciones del espíritu y el talento. Casa de Teatro se había
vuelto Calle de Teatro. No hace mucho escribimos acerca del mes aniversario: “Los cumpleaños se sucedieron, en la alegría siempre, marcados por una verdadera síntesis de los espectáculos que se habían presentado en las 52 semanas precedentes, más un gran fiestón final. Música –mucha música siempre-, teatro, danza, charlas, artes visuales animaban la Casa durante un mes de julio embriagador. Tanto los artistas, allegados desde que subieron por primera vez en escena, provengan del exterior o del terruño dominicano, como el público de fieles, de jóvenes o rejuvenecidos, acudían a las citas y, fenómeno especial, se felicitaban los unos a los otros”. La experiencia y la algarabía se repiten en el 2004. Desde el
jueves pasado hasta el sábado 31, se sucederán exposiciones,
música, canciones, jazz, ballet, teatro, cine, vídeo, encuentros,
premiaciones, dos categorías culturales ofreciéndose siempre
un mismo día, varias corrientes y tendencias alternando sus atractivos.
Grandes artistas, a quienes Casa de Teatro a menudo contribuyó a
lanzar, montarán en el escenario. Y la última noche del
mes se iluminará con el espectáculo culminante, rito y
símbolo de la institución, “Todos juntos”,
entre recuerdos, abrazos y compromisos. La muestra, inaugurada en la Feria del Libro, permanecerá en Casa de Teatro hasta el final de las celebraciones. Posteriormente, esta “galaxia de signos y signografías poético-visuales” –como bien la califica Odalis Pérez– se presentará en la Embajada de Chile, que la solicitó especialmente. Y se está planeando su difusión en el exterior. Por otra parte, una colección de esa calidad debe recogerse en un hermoso álbum, que así vinculará para siempre a Pablo Neruda y a los artistas dominicanos. Gracias a Casa de Teatro el mes de julio es en Santo Domingo una fiesta de los sentidos y la sensibilidad, de las remembranzas y las revelaciones. Se ha arraigado en la tradición cultural dominicana. Primer aniversario –la Casa se impone-, quinto –la Casa se desarrolla–, decimoquinto –la Casa resiste–, vigésimo –la Casa se amplía–, vigésimoquinto –un cuarto de siglo ya–. En fin, cabría un comentario para cada uno de los cumpleaños, marcando una impronta especial. Ahora celebramos los 30 años, que unos escriben “trenta” y otros “treinta” pero que son lo mismo, ante la historia poco, ante la actualidad mucho. A final de cuenta, 30 años no son nada… ¡Viva Casa de Teatro, casa de Fredy Ginebra, nuestra casa, la casa de todos!
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