FREDDY ARTURO GINEBRA DIRECTOR DEL FESTIVAL DE JAZZ DE CASA DE TEATRO

“Los dominicanos tenemos un talento natural para la música” R.M. / revista ESTILOS- Diario Libre /9/6/2007

El romance entre Freddy Arturo Ginebra y el jazz no es un idilio reciente. Guitarrista del género desde hace más de una década, Ginebra ha pasado del escenario a la silla de espectador a través del Festival de Jazz de Casa de Teatro, evento que dirige desde hace ocho años. En sus inicios, el evento fue una plataforma para músicos de jazz locales, y un aliciente para un público hambriento de experiencias diferentes. Hoy, los dos meses que dura el Festival son fechas veneradas por los seguidores del género en el país, que asisten en masa para escuchar acordes, solos y armonías provenientes de todos los rincones del mundo.

Ubicándose dentro del universo cultural y musical dominicano, una se imagina que los festivales más exitosos aquí serían de merengue o bachata, quizás hasta de reggaeton. ¿Qué circunstancia te dijo que había en el país público suficiente para realizar exitosamente un festival de jazz?
Soy guitarrista de jazz, y tenía un trío llamado "Tre". Tocábamos aquí (en Casa de Teatro) una vez a la semana, l
os jueves. Cuando empezamos, en 1998, venían dos gatos y algunos eran mis amigos. Pero tras un año y pico, esto se llenaba cada semana. Empezaron a venir personas que ya no eran sólo mis amigos, sino que estaban deseosas de oír música diferente, no sólo tocada en vivo, sino también la música que colocábamos en el bar. Con esa respuesta del público, le dije a papá (Freddy Ginebra) que no sería mala idea hacer un festival de jazz que iniciara sólo con grupos dominicanos, para no complicarnos con la logística. Buscamos entonces a músicos como Rafelito Mirabal, Pengbiang
(Sang), y Guy (Frómeta). Y en ese festival, se le hizo la introducción a cada grupo.

¿En qué momento de la primera edición te dijiste “tenemos que seguir”?
En el primer festival tuvimos que cerrar las puertas por lo menos tres veces en dos meses de conciertos. Al principio sólo teníamos el concierto en el bar, afuera, y esto se llenaba insoportablemente, hasta la galería. Pensábamos que la gente venía sólo por el hecho de que era una experiencia diferente, pero hemos podido comprobar siete veces más que no es así, que la gente viene verdaderamente para escuchar jazz. Inclusive, hay gente que está esperando esta fecha, y viene con su familia entera a ver jazz.

Ya el festival ha pasado del bar a la sala de teatro, y junto a la proyección en pantalla gigante, se llega cada noche a casi 500 personas, el doble de personas al que se llegaba en el primer festival. ¿Aún tienes que cerrar las puertas?
Todavía cierro puertas porque la gente no cabe. El año pasado tuve que cerrarlas en varias ocasiones... casi en cada ocasión, en realidad.

¿Cómo lograron pasar de presentarse sólo artistas locales a trabajar también con extranjeros? ¿Qué papel han jugado las embajadas en el Festival? también con extranjeros? ¿Qué papel han jugado las embajadas en el Festival?
A través de los años se han ido sumando embajadas al patrocinio. A algunas las hemos llamado, pero otras se han sumado voluntariamente, como la Embajada de Francia, que hace unos cinco años abiertamente nos dijo que les gustaba nuestro objetivo, y que querían colaborar con
nosotros.

¿Son ellos quienes sugieren los nombres de los artistas, o ustedes los escogen?
Ellos los escogen, pero a veces me preguntan si tengo algún nombre en mente, y ellos hacen las gestiones. Pero con Francia estoy increíblemente tranquilo, porque las personas que traen son impresionantes. Ellos no han traído un solo grupo que yo no haya dicho “¡mi hermano!” (se ríe).

¿Cuál es el criterio que tienen para aprobar o no la participación de un artista o grupo en el Festival?
En general, la idea es que sean proyectos. En otras palabras, el que venga a tocar debe tener un proyecto de música, no un jam, porque hay una diferencia muy grande entre las dos cosas. “Nos juntamos cuatro y vamos a ensayar para tocar allí” no es “la música que quiero hacer para que la gente oiga lo que quiero decir”. Realmente andamos detrás de eso, de oír lo que los artistas tienen que decir como músicos. Esto no es una oportunidad comercial, sino un festival; la gente que viene aquí viene a escucharte. Eso deja marcados a todos los artistas que vienen, no importa de qué parte del mundo. Salen extasiados con el público, sintiéndose increíble. Para mí, los dominicanos tenemos un talento natural para la música, aquí todos somos músicos y sabemos apreciar, si decidimos ponernos en eso. Por eso los artistas que se presentan aquí me
llaman para volver.

¿Por qué desestimas las sesiones de jammeo para este evento?
Porque el jammeo no deja de ser algo bueno, pero no hay una historia que contar, como sucede en el caso de un proyecto. Quizás al principio no presentamos proyectos tan sólidos, pero ya todo el que está viniendo a tocar tiene un proyecto bastante claro: ese
es el criterio.

¿Ya les ocurre que cuando van a pedirle a un músico que participe en el Festival, el mismo está deseoso de participar porque ya conocía de antemano lo que ustedes están haciendo?
Todavía no estamos ahí, pero estamos trabajando para eso. Pensamos fortalecer la marca, y seguir siendo claros, objetivos y transparentes. Al final, los músicos se dan cuenta de lo que sucede. Un buen medidor de eso es que todos los artistas quieren venir para acá. A veces están en un tour, y deciden venir e irse al otro día, sólo para tocar aquí.

Parece ser que el nieto de Piazzolla, Daniel, y su grupo, Escalandrum, serán una atracción fuerte, al menos en cuanto a reputación familiar se refiere. ¿Como consiguieron traer a la banda?
Conseguimos al grupo a través de la embajada argentina. Papá es un gran embajador de la cultura, y él ha ido tocando puertas. Lo que deseamos es que se sumen todas las embajadas, porque nos conviene como país, y les conviene a ellos, ya que logran exponer sus culturas. La (embajada) argentina se nos acercó el año pasado, y gracias a ese encuentro vino Luis Nacht, un saxofonista muy importante. Por cierto, ¡Luis me llamó este año, porque quería volver, por lo que fuese!  Eso es lo importante para un artista de jazz: tocar, sin importar lo demás. El jazz nace de eso, de tocar... "me muero de hambre, pero me muero tocando”.

R.M.