La casa por la ventana - Por Mijail Peralta / El Caribe Jueves 1 de junio del 2006 Freddy Ginebra es un tipo alegre. Y sé que muchos pensarán que lo que acabo de opinar es una frase manida, tonto yo que nunca me dí cuenta. Pero es que, aunque desde que le conozco, desde pequeño, cuando mi papá me llevaba a ver los títeres de Chapuseaux en la Casa, lo supuse, no es hasta ahora cuando me doy lo veo tan claro como estas letras sobre este papel. Fue hace días. Estábamos haciendo este trabajo sobre el Festival, con un corre-corre, pensando que la vida se nos iba entre los dedos porque había una revista que entregar, porque seguía todo el lío del Código Da Vinci, los que defendemos a Bahía estamos divididos, no hay dinero para las madres: se acaba el mundo, y ahora parecía en serio. Quise completar el trabajo con Freddy contándonos todo el rollo de este festival y, un poco más, sobre las actividades de celebración de los 32 años de la casa. ¡32 años! ¡Yo tengo 26 y me estoy volviendo loco! “En este aniversario, ¿Casa de Teatro lo celebra en grande?”, pregunto, honestamente, para dar chance a que mi amigo anuncie, con su peculiar estilo, lo mejor de la agenda que La Casa seguirá en estos días. El mail con las respuestas no llega. Esperar, esperar: desesperar. Freddy se toma su tiempo, me había dicho Cecilia de López. Se está inspirando. ¿Inspirándose? Qué duro. Pero, llega: mensaje nuevo, en la Bandeja de Entrada. Por inercia, bajo mis ojos a esa prenguta, qué sé yo por qué. ¿Blá, blá, blá, Freddy, la Casa por la ventana?, y junto a ella una respuesta que me dejó pasmado. Quizá, mejor, pensativo. Era esto: “Cada día tiro la casa por la ventana, es mi estilo de vida. ¿Acaso se puede vivir de otra manera? Quien vive con miedo a celebrar está muerto y no lo sabe. La vida se hizo para que la celebráramos, para que la agradeciéramos, para compartirla, y de eso se trata esta casa. Compartir con los que tienen y no tienen. Lo único que espero es que venga mucha gente a aplaudir a nuestros artistas... soy entonces el más feliz”. Aún no sé por qué vuelvo y vuelvo a ese escrito. En serio, no lo sé. Lo único que puedo agregar a esta frase de un hombre que ha pasado la vida haciendo homenajes a los verbos respirar, sentir y aprender (sin mencionar, soñar y amar) es: “qué envidia”.
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